¿Quién puede reglamentar el viento para que una incineradora no contamine?

Diputado Edgardo Araya Sibaja

Septiembre 2015

El consumo irracional. Estamos viviendo el momento de mayor consumo irracional de la historia de la humanidad, en el que la mayoría de las personas lo único que quiere es comprar, adquirir, obtener, llevar, acumular, tener… porque nos han convenido de que somos lo que tenemos. Casi nadie se detiene a pensar en si lo que compra es una necesidad real y, mucho menos, de qué materiales está elaborado el producto o su envoltura.

Es así como la gente se llena de productos y empaques que tarde o temprano se convierten en desechos: los empaques porque fueron confeccionados con el “toque publicitario” para lucir el producto atractivo antes de la compra, pero después se convierte en deshecho, al igual que su contenido, porque están confeccionados para que no duren en el caso de los empaques, o para que duren lo suficiente para que el cliente no pierda la confianza y vaya a comprar otro producto parecido, tratándose del contenido. Por ello, cuando entramos a un supermercado, -los corazones del sistema consumista-, vemos miles de productos de muchos colores, de mensajes, de ofertas, de carteles en el piso, en el techo, en las pantallas, por todo lado… todo incitando a llenar el carrito. Sin que se piense en las consecuencias.

El contenido de lo que compramos. La mayoría de gente, no considera que un alto porcentaje de esos productos que compramos, fueron hechos mezclando materiales naturales como la madera, metales o agua; con compuestos químicos tóxicos que contribuyen a que el producto dure, y tenga mejor apariencia. Actualmente, se están utilizando más de 100 mil químicos sintéticos diversos productos de uso común como celulares, computadoras, y hasta comidas y bebidas. Sin considerar los impactos durante la producción o a la hora de disponer los residuos.

Los desechos que producimos. Con los desechos sólidos, consecuencia del consumo sin sentido, se pueden seguir cuatro caminos: i) se tiran en los ríos o lotes baldíos, ii) se separan para reciclar, reutilizarlos o compostar, iii) se entierran en fosas o, iv) se queman en incineradoras. Este último camino es el peor de todos porque los tóxicos con los que se produjeron los materiales se mantienen, se mezclan y transforman en súper tóxicos. Se producen toxinas, -el peor veneno que ha producido el ser humano-, que salen por las chimeneas de las incineradoras y corren de acuerdo al viento metiéndose en las casas en los lugares de trabajo o de estudio; pues el viento no se puede regular con un reglamento, como lo cree (y propone) el Gobierno.

La incineración. Estas incineradoras requieren de grandes cantidades de desechos para poder operar por lo que desalienta la separación y el aprovechamiento de los residuos, más bien fomenta la producción de más y más desechos. Lo que implica, a su vez, un aumento en la presión sobre los recursos naturales… que ya bastante amenazados están.

Regulaciones sobre la gestión de residuos. La Ley de Gestión Integral de Residuos obliga a las municipalidades a fomentar la separación y el reciclaje, pero también a fomentar una cultura para racionalizar el consumo. A pesar de que son pocas las que cumplen, no han tenido consecuencias por operar al margen de las obligaciones legalmente establecidas.

El actual Gobierno, en campaña, tenía claro que la incineración es el peor camino y con el sector ambiental se comprometió a mantener la moratoria al menos, hasta que se cumplieran algunos compromisos previos, como el fomento de una cultura del rechazo al consumo innecesario. De pronto, nos encontramos con que cambió la posición y no solo levantó la moratoria, sino que firmó el reglamento que les abre el camino para operar. Alegando que dicha reglamentación va a garantizar que la actividad no afecte la salud ni el equilibrio de los ecosistemas; revelando una visión pobre de una discusión que necesariamente debe pasar por la discusión nacional de los modelos de consumo.

En el Frente Amplio no cambiamos la posición y desde todas las trincheras, junto con las comunidades, daremos la pelea para que no se instale ninguna de estas fábricas de veneno.

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